Environment Argentina , Argentina, Thursday, January 18 of 2024, 16:46

Un equipo científico estudia si el retroceso del Perito Moreno es irreversible

El glaciar más conocido de la Argentina está retrocediendo luego de décadas, y este es un comportamiento anómalo

UNCUYO/DICYT El frente del glaciar Perito Moreno, la postal hipercompartida de la belleza de los Andes patagónicos, está retrocediendo. Esto no quiere decir que sea una tendencia confirmada, para eso hace falta más información. Ante este comportamiento anómalo, un equipo de científicos del Conicet instaló una inédita red de estaciones metereológicas en altura con el objetivo de estudiar en profundidad y corroborar si el glaciar más conocido de la Argentina está en peligro o no.

 

El Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla, de CONICET, Universidad Nacional de Cuyo y Gobierno de Mendoza) está a cargo, entre muchas otras investigaciones, del inventario nacional de glaciares. En abril de 2023, un equipo del instituto con base en el CCT de Mendoza viajó al Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, y realizó una expedición con pocos antecedentes: alcanzar la naciente del Perito Moreno para realizar mediciones e instalar equipo científico.

 

Para hablar sobre esa expedición, nos reunimos con los científicos que se calzaron la mochila llena de elementos de supervivencia e instrumental de medición para entender, además, cuál es el panorama que enfrentan las gigantescas moles de hielo que reposan en la cordillera. A la mesa están sentados Lucas Ruiz, el glaciólogo que encabezó la campaña, acompañado por Pierre Pitte, otro de los destacados científicos del Ianigla. Junto a ellos, hay dos becarios que vienen trabajando en el mundo de los glaciares: Lautaro Clavero y Juan Cruz Ghilardi. La charla comienza con la pregunta sobre la noticia que impactó en medios del mundo: ¿está en riesgo el glaciar Perito Moreno?

 

Ruiz toma la posta y explica detalladamente qué han observado y qué están haciendo para matizar el alarmismo. La clave está en el balance de masa. “El balance de masa es el equilibrio o la relación entre la acumulación y la ablación. La ganancia de masa se da, principalmente, a partir de la caída de nieve durante el invierno, y la pérdida de masa, por derretimiento de la superficie. En el caso del Perito Moreno, que es un glaciar que termina en un cuerpo de agua, también es por desprendimiento de témpanos. Ese balance nos permite entender si está en equilibrio o desequilibrio con el clima”, comenta Ruiz.

 

El científico aclara que, en muchos casos, a simple vista queda claro el retroceso de los glaciares en la Patagonia y en otras zonas de la cordillera de los Andes, pero el Perito Moreno escapa un poco a esa lógica. “Sabemos que se achicaron, pero no sabemos bien por qué. No sabemos si es por falta de acumulación o por un aumento de la ablación, o si hay una combinación de esos procesos que favorecen la pérdida de masa”, dice.

 

Entonces, para tener un panorama claro, los científicos necesitan información de calidad. Por eso, uno de los objetivos fue llevar e instalar una estación metereológica hasta la parte de acumulación. Así, en la parte alta trabajaron Ruiz y Pitte, donde midieron “cuánta nieve sobrevivió al verano”. Otra parte del equipo trabajó en la parte baja, midiendo con unas balizas (de caña colihue) que se insertan con una perforadora a vapor. Además, con imágenes satelitales, han podido observar cómo ha cambiado la morfología del frente del glaciar. Al mismo tiempo, sumaron cámaras que registran zonas clave del frente del Perito Moreno, que ayudan a tener mayor resolución de los cambios.

 

Pierre Pitte toma la palabra y explica de qué se trata esa red estaciones metereológicas con la que buscan cubrir los distintos ambientes de la cuenca del río Santa Cruz. “El objetivo de hacer una red de estaciones en lugar de poner una sola es captar las variaciones norte-sur y oeste-este”, comenta el glaciólogo, y remarca que varía mucho la cantidad de milímetros que precipita a lo largo de toda la cuenca.

 

Estas estaciones, que pesan entre 30 y 40 kilos, se suben repartidas en las mochilas y se arman en plena montaña. “Las llamamos estaciones meteorológicas automáticas. Es un aparato electrónico que tiene un registrador y una serie de instrumentos para medir temperatura, precipitación, humedad, radiación solar. El registrador almacena los datos, entonces nosotros volvemos periódicamente y descargamos los datos de una memoria. Estas estaciones en particular tienen transmisión de datos satelitales. Entonces, los transmite en tiempo real”, detalla Pitte.

 

Ruiz interviene y subraya la novedad de que esos datos llegue en tiempo real y recalca que es información que va a un servidor y es abierta. “Esta red favorece a muchas áreas”, comenta, y ejemplifica que también la usan científicos de otras partes del mundo, también guías de montaña y personal de Gendarmería.

 

En tanto, Ruiz complementa: “No hacemos esto solo para una publicación científica, sino que se identificó que era necesario para un mejor aprovechamiento del recurso, para entender mejor cómo es el impacto del cambio climático con toda esta información disponible. La idea es tener la mejor información para, al final de todo, mejorar la toma de decisiones”.

 

Trabajo en equipo y pasión por el montañismo


Lautaro Claver estudió geología y es becario doctoral en Conicet. Lucas Ruiz es su director y, según nos cuenta, su especialidad es “entender lo que es la ablación frontal, que es un fenómeno que incluye el desprendimiento de témpanos”. Al igual que Lautaro, Juan Cruz Ghilardi tiene como director a Ruiz, aunque su carrera de grado fue Ingeniería en Recursos Naturales Renovables. Sentados a la mesa junto a Ruiz y Pitte, nos relatan su experiencia en el Parque Nacional Los Glaciares y cómo empezaron a cruzar la pasión por la montaña con la ciencia.

 

“Estamos en el grupo correcto, todos somos montañistas camuflados”, dice Claver con simpatía, y explica que estuvo con tareas de relevamiento de las balizas de ablación en la parte baja del Perito Moreno y con la instalación y relevamiento de las cámaras. El trabajo de campo con las balizas (cuánto asoma o deja de asomar la caña) y las cámaras les permite saber a qué velocidad gana o pierde en superficie el glaciar. Lamentablemente, esa velocidad se acelera en el frente.

 

Juan Cruz, por su parte, colabora con el equipo que monitorea el Perito Moreno, pero su trabajo se centra en los Andes centrales, en Cuyo. Para él, fue su primer viaje al sur. “Desde que entrás a Calafate, empezás a respirar un poco cuál es la influencia de los glaciares en ese lugar”, cuenta, y dice que el desafío de llegar a esos lugares remotos fue “una experiencia hermosa”.

 

Ahora bien, toda la experiencia positiva de caminar y estudiar los glaciares tiene su impronta negativa, que es ver en primera persona cómo el calentamiento global y el consecuente cambio climático están afectando a los glaciares.

 

En tanto, Ghilardi busca un dato positivo y destaca que se observa un cambio de conciencia en la gente, en su visión sobre la problemática ambiental por parte de la sociedad.

 

Por su parte, Ruiz concluye: "No hay que generar el pánico. Uno de los grandes problemas que tenemos los científicos es cómo comunicar lo que pasa para la acción, no para la inacción. Yo no te quiero generar pánico, que te vaya a tu casa y digas: ‘Dejo la heladera abierta porque igual no hay nada más que hacer’. El mensaje que queremos dar es que nosotros todavía podemos lograr que el cambio climático no sea tan terrible como las peores proyecciones que tenemos, pero depende mucho de los que hagamos nosotros y de la presión que pongamos en este tema. La pelota está de nuestro lado y es importante traccionar para que así sea”.