Environment Brazil São Paulo, São Paulo, Thursday, June 20 of 2024, 13:28

Las técnicas para identificar rayas y tiburones no impidieron su comercio y el riesgo de extinción

Un análisis de estudios referentes a los métodos moleculares para la determinación de especies de elasmobranquios revela que la mayor facilidad para detectar la venta ilegal no se vio reflejada en un aumento de la protección

AGENCIA FAPESP/DICYT – Las técnicas moleculares más avanzadas son conocidas aliadas en la identificación de especies amenazadas de elasmobranquios, el grupo de los tiburones y las rayas. Por ende, son fundamentales en la inspección de los comercios de productos extraídos referentes a estos animales, tales como su carne y sus aletas.

 

Pero un estudio publicado en la revista Biological Conservation por científicos brasileños muestra que 15 años de investigaciones realizadas en el país y relacionadas con estas técnicas no han hecho disminuir el grado de amenaza de estas especies.

 

Y lo que es peor aún: algunas se encuentran más amenazadas que antes. Entre las 64 especies halladas en los locales de venta brasileños, el 83 % corresponde a variedades consideradas en riesgo de extinción. El nivel de amenaza se ha expandido durante la última década y media para 33 de ellas, de acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la mayor referencia global en el tema.

 

“El comercio de especies de elasmobranquios amenazadas está prohibido en Brasil, pero en los supermercados, en las ferias libres y en las pescaderías estos animales se venden como otros pescados o como ‘cazones’, un término genérico que oculta si el consumidor está o no está llevándose a su casa una especie amenazada”, explica Marcela Alvarenga, primera autora del estudio, doctoranda en la Universidad de Oporto (Portugal) y colaboradora del Centro Nacional para la Identificación Molecular del Pescado de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Cenimp-UFRJ), en Brasil.

 

En la mayoría de los casos, resulta imposible identificar qué especie que está vendiéndose con base en un filete o una posta. Aun cuando el animal esté casi entero en el local de venta, normalmente le faltan la cabeza y las aletas, necesarias para determinar a qué especie pertenece de acuerdo con su morfología. Por eso, la forma más precisa de identificarlo es con base en la secuenciación de uno o más genes.

 

“Pero esto requiere de dinero. Aun cuando se cuenta con los aparatos y con el personal capacitado, los reactivos son en su mayoría importados. Por eso durante los últimos años se han desarrollado técnicas que poseen una excelente relación costo-beneficio y con las cuales se puede identificar incluso el ADN degradado contenido en las aletas, por ejemplo, que se secan al sol durante días antes de exportárselas a Asia”, añade un coautor del estudio, Rodrigo Domingues, investigador del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo (IO-USP) y coordinador de un proyecto apoyado por la FAPESP en el ámbito del Programa de Investigaciones en Caracterización, Conservación, Restauración y Uso Sostenible de la Biodiversidad de la Fundación (BIOTA-FAPESP).

 

Domingues se refiere al comercio internacional de aletas, las cuales, al tener un alto valor, principalmente en China, convirtieron a los tiburones en blanco de la sobrepesca. Toda vez que los animales deben llegar con las aletas sujetas al cuerpo en el desembarque, existe una gran oferta de su carne, cuyo valor de mercado ha ido aumentado con el tiempo. Brasil aún importa carne de tiburón proveniente de otros países.

 

La obligatoriedad de transportar los animales enteros está estipulada en la legislación brasileña, una de las pioneras en el combate al shark finning o cercenamiento de las aletas, la práctica que consiste en el retiro de las mismas aún a bordo para luego arrojar los animales mutilados agonizantes nuevamente al mar.

 

A diferencia de las otras especies de rayas, las rayas guitarras, que comprenden tres especies, incluida una (Pseudobatos horkelii) “en peligro crítico” según la IUCN, poseen un alto valor de mercado. Incluso la carne de tiburón, en algunos supermercados de Río de Janeiro, por ejemplo, puede tener un valor más alto que la de otros pescados.

 

Aparte de la sobrepesca, los tiburones y las rayas son algunos de los mayores perjudicados por la llamada pesca incidental, en la cual embarcaciones que van en busca de peces históricamente valorados terminan por capturar elasmobranquios, muchos de ellos amenazados de extinción (lea más en: agencia.fapesp.br/31223).

 

Las técnicas avanzan mientras que la protección retrocede

 

En el referido trabajo se llevó a cabo una selección de artículos científicos sobre el tema revisados por pares y publicados desde enero de 2008 hasta junio de 2023. En total, fueron 35 papers analizados. Fue posible observar que hasta 2014, los estudios en su mayoría abordaban el desarrollo de las técnicas moleculares para efectuar una rápida identificación de pescados, con la intención de abaratar y acelerar la determinación de las especies de elasmobranquios. A partir del año siguiente, pasaron a predominar los trabajos en los cuales las técnicas se aplicaban directamente en productos derivados de rayas y tiburones, fundamentalmente la técnica de secuenciación del ADN, a partir de 2018.

 

En esos estudios se identificaban las especies con base en fragmentos de esos pescados que estaban comercializándose o que se habían incautado en el marco de acciones policiales, en el caso de las aletas de los tiburones. Así y todo, tamaño avance no se vio reflejado en una disminución del nivel de amenaza contra las especies. En el período estudiado, solamente al respecto de una de ellas se registró una merma del riesgo de extinción: la manta hocico de vaca (Rhinoptera brasiliensis) pasó de “en peligro” a “vulnerable”.

 

En otras 33, entre las 64 que aparecieron en los estudios, se registró una elevación del nivel de amenaza: 17 ni siquiera estaban en riesgo de extinción y pasaron a figurar entre las amenazadas, en tanto que otras siete subieron en más de una categoría de riesgo. Catorce especies antes consideradas “con déficits de datos” pasaron a estar clasificadas con algún nivel de amenaza, con relieve para dos altamente explotadas en la costa nacional brasileña, conocidas por el nombre de cazón picudo brasileño y cazón picudo antillano (Rhizoprionodon lalandii y R. porosus), ambas consideradas “vulnerables”.

 

“Por tener una tasa de reproducción más rápida que la normal para los elasmobranquios, se creía que estos cazones picudos no sufrirían las mismas amenazas que los otros tiburones. Con todo, en estudios anteriores ya se había advertido que la pesca de cazones picudos era tan intensa que las especies podrían pasar a ser consideradas como amenazadas de extinción. Desafortunadamente, dicha advertencia no fue escuchada y el resultado es el que estamos observando”, comenta Alvarenga.

 

“Nuestro trabajo muestra de manera bastante clara la importancia de emplear estas técnicas moleculares para el monitoreo y la inspección de lo que se pesca. Pero desgraciadamente este tipo de investigaciones se lleva a cabo de manera puntual, con una tesis doctoral o una tesina de maestría que se elaboran por allí, cuando debería ser algo sistemático”, señala Domingues.

 

Otro coautor del estudio, Antonio Solé-Cava, coordinador del Cenimp-UFRJ, llama la atención al respecto de un dato que aporta alguna esperanza: cuando la inspección es más intensa, como en el caso del control federal sobre la industria de procesamiento pesquero, los índices de sustitución de especies o de fraudes son mucho menores.

 

“Esto puede observarse en los pescados comercializados en los supermercados, bajo el control del Departamento de Inspección de Productos de Origen Animal [(Dipoa), ligado al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (Mapa)], cuando se los compara con lo que se observa en sus ventas en ferias, en las pescaderías y en los restaurantes, que no son inspeccionados bajo esa órbita. En los primeros, la tasa de sustitución o fraude es igual cero, mientras que en los otros establecimientos es bastante elevada”, dice Solé-Cava, en referencia a un estudio que su grupo publicó.

 

Aparte de la disponibilidad de pescados, la disminución y la extinción de tiburones y rayas constituyen una amenaza a la propia biodiversidad marina. Toda vez que se trata de predadores de la cima de la cadena alimentaria y mesopredadores (en una posición intermedia entre la cima y la base), estos peces ayudan a regular el ecosistema, al retirar ejemplares frágiles y enfermos (y seleccionar a los más aptos) y controlar los niveles poblacionales de diversas especies, entre otros servicios ecosistémicos que brindan.

 

Debido a su posición en la cadena alimentaria, son animales que acumulan altos índices de mercurio, lo que vuelve peligroso el consumo de su carne. El monitoreo constante podría ayudar a entender el grado de amenaza de estas especies, a evaluar las tendencias del mercado de estos productos y a ajustar la legislación con miras a protegerlas, y lo propio con la salud de los humanos, al advertir acerca de la necesidad de eliminar su consumo.